Por Hilda Luisa Díaz-Perera.
2008 Derechos Reservados.Publicado por primera vez en WordPress: Diciembre 31, 2008 a 1:27 PM
Para aquellos que no lo saben, el gentilicio neo-espartano se refiere a las personas oriundas del estado de Nueva Esparta, Venezuela, compuesto por las Islas de Margarita, Cubagua y Coche. La capital de este estado es la ciudad de La Asunción, un pequeño pueblo colonial, de plazas soleadas por enormes árboles, donde no falta una añejada iglesia y la consabida estatua, en este caso la de Luisa Cáceres de Arismendi, quien fuera la heroína local de la contienda para terminar con el imperio español en Venezuela. Estas tres islas, además de ofrecerle al viajero unos paisajes paradisíacos, playas caribeñas límpidas de mares azulverdes y un sol inigualable, también lo conquista rápidamente con sus maravillosas empanadas, que pueden encontrarse por doquier.
Como a Nelson y a mí nos gusta comer y probar todo lo que vemos atrayente, nos llamó mucho la atención ver las colas que se forman en Margarita, a todas horas, a la vera del camino, junto a unos sencillos puestos donde sirven estas deliciosas golosinas que son las empanadas. Esta industria de la economía “informal” es manejada casi en su totalidad por mujeres, y, dependiendo del trasiego que exista a su alrededor puede haber hasta tres personas envueltas en la conducción del negocio: una persona “arma la empanada”, otra la fríe, y una tercera cobra y sirve refrescos, café, o papelón, una bebida sencilla que se toma bien fría y que es preparada con papelón/raspadura/panela de caña de azúcar, diluida en agua y luego mezclada con jugo de limón.
Generalmente, estos puestos pertenecen a las personas que los operan. En algunos casos, la alcaldía local pone el puesto a disposición de la operadora y ella paga la licencia por utilizarlo. Muchas operarias llevan años en el mismo puesto, en el mismo lugar, y son conocidas por todos en su comarca. Encontramos casos de hijas asumiendo el lugar de sus madres después que éstas se retiran. Las señoras Juana y María Flor, dos hermanas que viven en el pueblo de Pedro González, llevan operando su puesto en la Vía Principal frente a la Placita de José Ramón Villaroel, hace más de 20 años. Isabel, en Juan Griego, quien además de operaria nos hace reír por sus ocurrencias, aprendió el arte de hacer empanadas con su madre quien tuvo su propio puesto durante 30 años.
Las horas de operación de los puestos de empanadas varían según la conveniencia de quién las produce y las vende, pero, como es natural, se rigen mayormente por las horas en que las empanadas tienen más demanda. Por eso, pueden abrir entre las 6:30 y las 7:00 am y cerrar en las horas del almuerzo y la siesta, entre 11:30 am y 3:00 pm. Después de las 4:00 pm, algunos puestos vuelven a abrir para servir a aquellos que regresan a su casa después del trabajo, y para la oferta de por la noche. Debo aclarar que además del tiempo que dedican a su puesto de empanadas, algunas operadoras trabajan dos y tres horas previamente en sus casas, para preparar no sólo la masa con la que van a comenzar el día, sino también todos los rellenos, aderezos y picantes que van a brindar luego al cliente.
Cada puesto tiene su propio repertorio de rellenos. Casi todos ofrecen las empanadas de cazón (tiburón joven) preferidas por los locales y los “navegados” como se les dice a los que, como nosotros, nos hemos mudado para vivir en Isla Margarita. También se consiguen de pollo, de carne “desmechada” o (para los cubanos: ropa vieja), de queso fresco local blanco, de “caraotas” o frijoles negros y de “pabellón”, que es el plato típico venezolano y que consiste en caratoas negras, plátanos maduros fritos, carne desmechada y arroz blanco. O sea, que si usted pide una empanada de pabellón se la darán rellena de todo ese “equipaje”.
Las operadoras a veces fríen varias empanadas con distintos rellenos y las tienen listas para los clientes que de pronto se acercan a hacer sus pedidos. Como medida para identificar el relleno una vez frita la empanada, la práctica en Isla Margarita es hacerle con el tenedor de freír unos pequeños agujeros a la masa en un extremo de la empanada, 1 agujero: cazón; 2 agujeros: queso; 3 agujeros: caraotas, y así sucesivamente. Sin embargo, cada operadora tiene su código y no existe uno que sea común entre ellas.
El goloso público puede observar a las preparadoras de las empanadas en plena faena, ya que la confección de estos pasteles de masa de maíz blanco molido, rellenos y fritos en aceite, se lleva a cabo al aire libre y cerca de las vías de tránsito. Esta práctica no sólo provee fácil accesibilidad al transeúnte, sino que además actúa como promoción de venta para las deliciosas empanadas, pues siempre están a la vista, en pequeñas y tentadoras cestas donde se colocan para que se escurran después de freirse.
Muchos turistas, por precaución, dudan si atreverse o no a comer estas exóticas empanadas. Debo confesar que viniendo de Estados Unidos, donde no es usual ver a alguien cocinando en plena calle, mucho menos a la orilla del camino, y donde las regulaciones de sanidad son tan exigentes, yo misma tuve que pensar un instante en la cordura de atreverme a probarlas o no. De más está decir que tiré por la ventana todos los remilgos gringos y una vez que las probé fui una conquistada y quedé presa de esta sabrosura inigualable.
Para aquellos extranjeros que pudieran sentirse como yo me sentía al principio, puedo darles algunas sugerencias para escoger un puesto “limpio”, pero recuerde que todos en Isla Margarita las comemos, así es que el cuerpo humano las tolera… ¡y muy bien! Fíjese en la limpieza del puesto y hágase las siguientes preguntas:
1. la operadora principal, ¿usa delantal?
2. ¿mantiene limpia la superficie de preparación?
3. ¿tiene los rellenos tapados en envases limpios?
4. ¿maneja la masa directamente con los dedos, o usa guantes de plástico, o en su defecto una lámina de plástico para “armar” la empanada?
5. ¿la persona que prepara la empanada es también la que maneja el dinero?
6. ¿el aceite de freír se ve claro y limpio?
Después de estas consideraciones que a lo mejor le restan diversión a su primera experiencia con las empanadas neo-espartanas y si usted no es dado a aventuras extremas, pruebe primero una empanada de queso blanco con un refresco enlatado o embotellado (así tiene un poco de garantía de la procedencia del agua). Cuando haya adquirido mas confianza, o haya podido ubicar un puesto como el de las hermanas Juana y María Flor en Pedro González, el de Isabel en la encrucijada de las Calles del Sol y Leandro en Juan Griego y el de Mariángel en el parque frente a la Bahía de Juan Griego, pida una empanada de cazón para que pruebe un contraste de sabores espectaculares o una de “pabellón”, para que sienta sus papilas gustativas “bailando tambores” en su boca. Acompáñelas con un papelón bien frío y… ¡completo!, ¡a disfrutar!
¿Los precios? En el momento en que estoy escribiendo, una empanada que pudiera medir entre 15 y 18 cm puede costarle desde BsF 2 a 4 (US $1.00 a $1.75). Si usted se encuentra en lugares lejos de los centros turíticos, los precios de las empanadas tienden a ser más “solidarios”. Si usted está en Playa El Agua, Playa Parguito o Porlamar, el centro comercial de Isla Margarita, las empanadas pueden llegar a ser más “cariñosas” (caras). Los precios no tiene proporción con la cantidad de relleno que su empanada pueda tener. Muchas veces las empanadas de queso, suelen verse vacías… completamente vacías y esto se debe que dependiendo del queso, éste se derrite al freirse y desaparece como por encanto. Pero ahí está, en algún lugar de la empanada que sí sabe a queso. En momentos de escasez, su empanada puede resultarle más anoréxica.
¡Bon apetit!
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